A veces no es el trabajo. Es cómo está estructurado. Cómo se lidera. Cómo se acompaña… o no.
Y esto no va de culpas. Va de realidades que se repiten en muchos entornos: profesionales comprometidos, competentes, motivados… que poco a poco comienzan a apagarse. No por falta de capacidad. Sino porque el entorno no les permite sostenerse de forma saludable.
No siempre hay gritos. No siempre hay conflictos abiertos. A veces el desgaste llega en silencio: con objetivos cambiantes, presión constante, falta de escucha, exceso de control o ausencia de orientación real.
Otras veces, sí: hay tensión, microgestión, comentarios que hacen dudar de uno mismo. Y ese tipo de interacción constante deja marca.
El resultado no es solo fatiga. Es agotamiento emocional, desmotivación y desconexión del sentido profesional.
Y muchas veces se disfraza de autoexigencia, de “solo es una mala racha” o de “es que esto es así”.
Algunas dinámicas que acaban desgastando:
Falta de presencia. Tienes que resolver sin apoyo real, tomar decisiones sin respaldo.
Comunicación en tono elevado. La presión se traduce en formas que incomodan o bloquean.
Culpa en lugar de orientación. El error se penaliza más que se corrige.
Urgencia constante. Todo es prioritario. Y tú ya no encuentras aire.
Reconocimiento escaso. El trabajo bien hecho se da por hecho. El error, no.
Confianza a medias. Se espera que seas resolutivo, pero sin autonomía real.
Motivación sin estructura. Hay discurso. Falta estrategia.
El liderazgo, cuando no cuida, impacta. Y no solo en los resultados: impacta en las personas.
- Afecta a la autoestima profesional
- Diluye la claridad interna
- Aumenta la autocrítica y la ansiedad
- Satura emocionalmente
Y no tiene que ser extremo para ser dañino. Basta con que sea sostenido en el tiempo, sin espacios de recuperación.
¿Y qué puedes hacer?
Hay entornos que no puedes cambiar de inmediato. Pero sí puedes empezar a reconocer cuándo una dinámica te está afectando más de lo que debería.
Aquí algunas ideas:
✦ Ponle nombre a lo que te pasa. Validarlo ya es un primer paso.
✦ No te convenzas de que «esto es lo normal» solo porque todos lo viven igual.
✦ Cuestiona qué expectativas son razonables… y cuáles te están alejando de ti.
✦ Practica límites pequeños pero claros. A veces no es un “no”, es un “ahora no puedo con esto”.
✦ Acompáñate. Pide ayuda profesional si el malestar se prolonga.
Cuidarte no es faltar a tu compromiso. Es sostenerlo a largo plazo, sin romperte por dentro en el camino.
Porque la salud mental en el trabajo no es un lujo. Es una base. Y empieza reconociendo que lo que te pasa importa.
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